Mercado Automotor «entre la especulación y la esperanza del crédito»
El mercado automotor argentino transita un período de profunda reconfiguración en este 2026. Tras meses de turbulencias, la foto actual muestra una paradoja difícil de digerir para las terminales y concesionarias: la inflación baja y el dólar se plancha, pero las ventas de autos 0 km registran una preocupante caída interanual cercana al 25%. ¿Por qué los argentinos no compran autos si la macroeconomía amaga con estabilizarse? La respuesta excede la falta de pesos; es una cuestión de expectativas. Durante años, comprar un auto en Argentina no era solo adquirir un medio de transporte, sino activar un mecanismo de defensa contra la devaluación. Hoy, con la brecha cambiaria contenida, el auto dejó de ser ese «refugio de valor» inmediato. El consumidor argentino, históricamente resiliente y calculador, cambió de estrategia. Ya no corre a sacarse los pesos de encima; ahora espera, compara y especula con que los precios bajen o que aparezcan las bonificaciones que las marcas empiezan a soltar a cuentagotas para mover el stock. El mapa de los patentamientos refleja también este cambio de época. Modelos consolidados como el Peugeot 208 y el Fiat Cronos siguen dando pelea en el asfalto urbano, mientras que la Toyota Hilux revalida su título de termómetro de la actividad económica en el interior. Sin embargo, los volúmenes totales están lejos de las proyecciones óptimas para una industria que genera miles de puestos de trabajo directos e indirectos. Con un piso para los vehículos cero kilómetro que ya supera los 26 millones de pesos, la brecha con el salario medio sigue siendo un abismo que pocos pueden saltar al contado. La llave para destrabar este escenario no vendrá de la mano de más aumentos, sino de la financiación. El sector comercial y las terminales ya jugaron su carta al presionar por la flexibilización de impuestos internos, pero la verdadera reactivación del segundo semestre dependerá de la consolidación de créditos prendarios con tasas reales atractivas. Sin financiación a largo plazo, el auto propio seguirá siendo un lujo para pocos. El motor de la industria está encendido y en marcha mínima; falta que el crédito ponga la primera marcha para que el mercado vuelva a rodar.
