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«Dictan la quiebra de la dueña de Musimundo y revive el fantasma de Garbarino»

El escenario del comercio minorista de electrodomésticos en Argentina sufrió un colapso definitivo. La Justicia de Chaco decretó la quiebra de Carsa, una de las firmas licenciatarias de la histórica marca Musimundo, luego de revocar su concurso preventivo debido a un pasivo financiero que se volvió completamente inviable. La decisión judicial arrastró el cierre abrupto de cerca de una veintena de sucursales en todo el país y dejó a más de un centenar de trabajadores en la calle.

El Juzgado Civil y Comercial N° 23 de Resistencia tomó la determinación tras constatar que la compañía arrastraba una deuda superior a los $63.500 millones, sumado a un tendal de cheques rechazados y la imposibilidad de cumplir con los acuerdos de reestructuración previos. La caída de Carsa representa el capítulo final de una crisis que se venía profundizando con la recesión del consumo y el peso de una estructura de costos fijos imposible de sostener.

El impacto social se sintió con fuerza en el noreste argentino y en distintas localidades de la provincia de Buenos Aires. En las últimas semanas, los empleados de unas 20 sucursales se encontraron con las persianas bajas de un día para el otro, sin notificaciones formales de despido ni certezas sobre el cobro de sus indemnizaciones. El panorama gremial repite postales alarmantes, con protestas en las puertas de los locales cerrados y reclamos urgentes ante el Ministerio de Trabajo.

El espejo de Garbarino

La caída de Musimundo es un calco de lo ocurrido con Garbarino, la otra emblemática cadena que colapsó tras años de agonía financiera, vaciamiento y una venta fallida que dejó a miles de familias desamparadas. Ambos casos exponen el fin de una era para las grandes superficies dedicadas a la venta de tecnología y artículos del hogar en el país.

El modelo tradicional de grandes locales comerciales con altos costos operativos quedó severamente golpeado por la combinación de inflación, pérdida del poder adquisitivo y el avance irreversible del comercio electrónico. Las plataformas digitales y los formatos más ágiles de venta terminaron de acorralar a estructuras corporativas que dependían del financiamiento en cuotas, hoy inaccesible para gran parte de la población.

Aunque la marca Musimundo ya había sufrido una fuerte reconfiguración —cuando la otra firma socia, EMSA, decidió cambiar el nombre de unos 200 locales propios para relanzarse bajo otra bandera comercial—, la quiebra de Carsa liquida la presencia de la cadena en plazas históricas del interior. Por el momento, el destino operativo de lo que queda de la empresa está en manos de las decisiones judiciales, mientras los trabajadores exigen respuestas urgentes ante la pérdida de sus puestos laborales.

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