Miguel Ángel Solá
Hay actores que interpretan personajes y hay actores que, arriba del escenario, libran una batalla poética contra la fragilidad de la existencia. Miguel Ángel Solá encabeza esta segunda estirpe. A sus 76 años, tras haber superado un accidente cerebrovascular (ACV) que reconfiguró sus prioridades, el célebre actor argentino-español demuestra en cada función teatral que las tablas no son solo su profesión, sino su mecanismo de supervivencia fundamental.
El peso del linaje y la revelación de una fiera
El destino de Solá parecía escrito en las líneas de su propia sangre. Como miembro de la novena generación de una dinastía artística (hijo de Paquita Vehil y sobrino de la legendaria Luisa Vehil), el teatro fue el patio de juegos de su infancia. Sin embargo, su consagración absoluta llegó en 1976 cuando protagonizó Equus bajo las órdenes de Cecilio Madanes. Aquella interpretación brutal de un joven perturbado no solo sacudió la cartelera porteña, sino que se convirtió en un hito de la historia teatral argentina, equiparándolo instantáneamente a los grandes nombres de la escena internacional.
A partir de allí, su nombre se transformó en sinónimo de intensidad y rigor metodológico. Saltó del teatro independiente a la pantalla grande, firmando páginas de oro en el cine iberoamericano con obras maestras de la talla de Sur (1988), El lado oscuro del corazón (1992) y la más reciente producción de Netflix, Crímenes de familia (2020). En la televisión de los años 90, ciclos vanguardistas como Atreverse sirvieron para que demostrara una plasticidad interpretativa fuera de lo común.
El milagro detrás del telón
La actualidad de Miguel Ángel Solá es un conmovedor testimonio de resiliencia. Tras el ACV que sufrió, el actor se enfrentó a un desafío inédito en sus cinco décadas de carrera: el miedo escénico provocado por el temor físico a perder el hilo de sus diálogos. La respuesta a ese abismo fue redoblar la apuesta artística.
Hoy, en una exitosa e intensa gira nacional, protagoniza la sensible comedia dramática Por el placer de volver a verla, una versión de Manuel González Gil sobre el texto original de Michel Tremblay. Acompañado por la actriz Mercedes Funes, Solá interpreta a un director teatral que viaja a los laberintos de su memoria para saldar cuentas afectivas con la figura de su madre.
Lejos de ocultar sus dificultades, el actor utiliza el bastón y sus propias marcas físicas para dar forma a una interpretación desgarradora y honesta. «Este trabajo me devolvió la vida», confesó recientemente a la prensa local, sintetizando el valor terapéutico del aplauso. La obra, que proyecta funciones en centros emblemáticos como el Paseo La Plaza, sigue confirmando que Solá no necesita de artificios para conmover; le basta con ponerse de pie, mirar a los ojos del público y dejar que hable la memoria.
En 2018, nos metimos en el diminuto camarín de Miguel Ángel Solá para una charla muy especial. Soy Paulo Crespo y los invito a revivir este encuentro en Entrevista sin Editar para ahora23.com. Un mano a mano crudo, genuino y sin cortes, donde van a poder ver incluso las interrupciones de la intimidad del teatro.
